Sueña, ríe, baila, ama. Vive sin más
"Vida repleta de gente que nace, que vive, que viene y va".
"Y tan bonita es que a veces se despista..."
Cerca de tu esfera, de la mía. Frío, calor, eternidad a tu lado, miedo, desesperación, sinfonías al compás del corazón, de tus ojos, de mi sonrisa, de la razón. Tanto que decir, pero el silencio se apodera de la situación. De los sentidos, de la armonía, del saber qué decir, qué callar, qué respirar. Cierras los ojos, respiras, sientes, vuelves a abrirlos. Todo igual. Seguimos girando, el mundo no para. Y sigues. Tú conmigo, yo sin ti. Incluso a veces sin mí. Sin reflejos, sin destellos, sin luz. Nada ilumina esto, todo se funde. Bombillas rotas, corazones abiertos, miradas de reojo, sin sentimientos, pero con amor. Amor sin sentimiento. Gran contradicción para nosotros. Sin tenernos, sin querernos, o sí, pero sin saberlo. O sin querer saberlo. Sin imaginación, sin pensarlo. Vamos decididos, de frente, sin frenos, Chocamos. O no. Todo depende de todo. De ti. De mí. De los puntos y las mayúsculas que nos separan. Del todo sin el todo.
¿Por qué el mundo es así? ¿Por qué esta sociedad se comporta de esta manera? No saben valorar a las personas. La gente hace verdaderos esfuerzos para conseguir algo, y los demás no se dan cuenta, o no quieren darse cuenta. ¿Envidia? El deporte nacional. Todos van a conseguir la medalla de oro, y más de uno ya ha subido al podio y tiene colección de ellas. ¿Celos? Quién sabe. ¿Ganas de ver caer a otro? Por supuesto. Eso siempre. Y a mí me dan ganas de gritar: ¡Imbécil! cada vez que noto que alguien no me valora, que no se da cuenta de lo que me ha costado algo. ¡No necesito tu aprobación ni tus felicitaciones! cada vez que alguien intenta quedar bien y decir algo por decir, pero que no se fija en lo de verdad. Pero tampoco se puede ir así por la vida. Lo mío es lo mío, y no lo hago por nadie, ni para que me feliciten, ni para que me den su aprobación, ni para demostrar nada. Lo hago por y para mí. Cuando aprendáis a valorar a la gente, justo ahí, empezaré a creer en el mundo y su progreso. Mientras tanto, me quedo al margen.
"Malditos sentimientos, malditas las ganas de verte, de sentirte más cerca"- se decía Hailie una y otra vez. Se negaba a reconocer que había perdido el tiempo estando a su lado. Habían sido unos bonitos años con él, los más bonitos de su corta vida. ¡Claro que no se acababa el mundo! Pero para ella sí. Para ella, alejarse de él suponía el fin del mundo, del universo, de todas las galaxias infinitas habidas y por haber. Era un suceso trágico, quizás más trágico que todas las noticias juntas que salían en el telediario. ¿Qué iba a hacer ahora? Tenía que aprender a pensar en sí misma, en no dejarse llevar por romanticismos. No, nada de eso. Ni una película bonita, ni una canción de amor, ni siquiera su libro de poemas favorito. Lo dejaría por ahí, abandonado, que se llenara de polvo, como su pobre corazón. Solo, triste, sin nadie que lo abriera para llenarlo de nuevo de amor. Igual quedaría su libro de poemas, abandonado sobre la última estantería de su habitación. Pero todo le rimaba, todo le sonaba bien. Seguía enamorada, y sabía que eso iba a ser muy difícil de cambiar. Odiaba todo en ese momento. Odiaba los te quieros, los te amos, le odiaba a él, se odiaba a sí misma. Y eso era lo peor. ¿Por qué tenía que odiarse a sí misma, si ella lo había hecho todo bien? Una chica responsable, con la cabeza en su sitio, pero el corazón perdido. Y así no se podía ir por la vida. "Todas deberíamos llevar el corazón encerrado en una jaula, como las de los pájaros, para que nadie se lo llevara y no saliera sin permiso. La caja torácica no hace bien su trabajo. Está para proteger a los otros órganos, pero no al corazón, aunque se empeñen. Mi corazón ahora está roto. ¿A quién le echo la culpa? Caja torácica, te odio"- repetía una y mil veces mientras chocaba su cabeza contra la pared lisa de su habitación.